domingo, 6 de febrero de 2011

Egipto, al borde de cambiar el orden del medio oriente.



The New York Times y otros medios estadounidenses, han estado destacando la figura de Mohamed Mustafa El-Baradei, entre las personas que pudieran jugar un rol en medio de la crisis egipcia. Para algunos representa la mejor opción para Estados Unidos, aunque las referencias hacen pensar que no seguirá una política complaciente con Washington. Esta percepción no la hemos escuchado de los analistas que siguen las protestas de Egipto. Baradei es un personaje de conocido historial en círculos relacionados con la energía atómica y los tratados internacionales que lidian con este particular. Desde principios de los años noventa trabajó para la Agencia Internacional de Energía Atómica, de la cual llegó a ser su Director. Fue ganador del Premio Nobel de la Paz. A pesar de ser egipcio, ha vivido por largas temporadas fuera de Egipto y muchos en el país piensan que es un fanático de los grandes eventos internacionales, recibir premios y ser adulado.

Puede que sean verdad estos comentarios, pero también el personaje es respetado en la mayoría de los círculos occidentales. Aunque esto pudiera no parecer importante para el mundo árabe, donde cada día aumentan los movimientos que reclaman independizarse de siglos de dominación europea y estadounidense, no es menos cierto que Egipto, a pesar de poseer un 90% de población musulmana, ha adoptado y ha desarrollado por sí mismo, mucho de la cultura derivada del desarrollo económico de los países más industrializados. Quizás en este punto valdría la pena hacer una observación muy particular y que quizás otros compartan, pero que considero importante tener en cuenta a la hora del enfoque sociológico e incluso de los análisis sociales. La llamada cultura cristiana realmente responde más a Roma que a la religión nacida en el Oriente Próximo donde los elementos culturales dentro de los cuales nació el cristianismo y previos a la dominación romana, tenían otra tonalidad. La religión es una expresión de ciertas normativas de convivencia, aplicadas como reglas de conducta social, las cuales fueron establecidas en la región del Oriente, en una época donde la estabilidad del grupo requirió de normas que garantizaran su estabilidad. La dispersión de los grupos religiosos, los judíos por un lado y los cristianos por otro, quienes también, al igual que los primeros fueron rechazados y perseguidos, ambos con lazos y creencias comunes muy parecidas, se integraron a un mundo que poseía una cultura nacida de relaciones sociales definidas por su desarrollo particular. Las sociedades de ese mundo, incorporaron aquellos principios religiosos coincidentes con sus estadios de desarrollo. No existe en realidad una “influencia occidental” en sentido absoluto o totalmente impuesta por la fuerza” al mundo árabe. Hay matices y los elementos últimos están condicionados por el proceso de desarrollo de un mundo que quedó rezagado a partir de los descubrimientos de nuevas rutas marítimas y tecnologías de navegación, comercio y a las conquistas sufridas en otros tiempos. Sin embargo, los cambios operados por las tecnologías y formas productivas introducidas por esas potencias, han contribuido a la formación de nuevas relaciones sociales, cuyas expresiones tienden a igualarse con las de aquellos países. El mundo en general se va pareciendo cada día más desde un extremo al otro. Esta dinámica aplica también a los musulmanes. La religión no es de un peso absoluto en marcar diferencias con el llamado mundo Occidental. Las bases materiales del desarrollo tiende a equiparar el sentir de las sociedades.

Baradei es un hombre respetado internacionalmente y por eso quizás a Washington le interese su figura, aunque está consciente que deberán lidiar también, con la Hermandad Musulmana. Sin embargo, más allá de la aceptación de Baradei por los obligados lazos que ha establecido con Europa y Estados Unidos, debemos destacar que no puede afirmarse que responderá a los mismos intereses que Mubarak. De hecho destacados líderes judíos en Estados Unidos como Malcolm Hoenlein y otros, desconfían de Baradei y lo acusan de ocultar informes sobre el desarrollo nuclear iraní, cuando ejercía como Director de la Agencia Internacional de Energía Atómica.

Mohamed el-Baradei, ha sido una de las destacadas figuras que sugirió “inventariar” todos los materiales y el procesamiento de materiales utilizables para fines nucleares y “guardados en instalaciones bajo control multinacional” y que además “existiera una garantía de que los potenciales usuarios legítimos pudieran obtener su suministro”. Las razones de dicho planteamiento se basaban en garantizar el cumplimiento de la Resolución de la ONU de 1993 reclamando un Tratado de Límite al Material Fisible. Esto obligaría a hacer pública la existencia de materiales fisibles contribuyendo a los acuerdos de reducción de armamento nuclear y permitiendo a su vez que países como Irán y los demás pudiesen desarrollar sus industrias de energía nuclear. Esto por supuesto contraviene la política de Washington de restringir el Artículo IV del Tratado de No Proliferación, el cual concede a los estados desnuclearizados la potestad de producir combustible de uranio para reactores.

El conflicto mayor que enfrenta Estados Unidos ante cambios que parecen inevitables en Medio Oriente, es el debilitamiento del poder israelí en una región donde la mayoría de sus pobladores tienen un mal recuerdo de la creación de un Estado que muchos consideran artificial y que los ha humillado en múltiples oportunidades. Hasta hoy Estados Unidos y Europa han podido fortalecer las posiciones de Israel y aún sus malacrianzas, porque han contado con Estados con gran reputación como Egipto y otros.

Todos los posibles cambios inclinan a minar el poder de negociación israelí en la zona.

Baradei plantea un gobierno provisional y está en desacuerdo con enmendar la constitución dentro de los cinco meses que faltan para unas supuestas elecciones en setiembre, y mientras tanto el poder se mantendría en manos de Sulleiman, el actual nombrado nuevo Vicepresidente, ex jefe de los servicios de inteligencia.

El-Baradei plantea que eso no permitirá romper el control que el actual poder posee sobre las principales instituciones y es necesario más tiempo para hacer un cambio que realmente garantice permita una alternancia de poder.

El cuadro político se está cerrando y un cambio sustancial en esa región, obligará a las llamadas potencias occidentales a revalorar su política internacional, lo cual quizás podría fortalecer eventualmente, las corrientes de nuevo tipo que, con debilidad pero en aumento, se desarrollan en países como Estados Unidos.

Los acontecimientos indican que el balance del Medio Oriente más temprano que tarde debe cambiar, para bien de los pueblos árabes y los demás. Quizás, como nunca antes en el pasado la posibilidad de un Estado Palestino está a las puertas de la Historia.

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